SER HUMANO—CONCEPTO GENERAL
Capítulo 1. El ser humano como objeto de conocimiento
1. El ser humano como investigador y objeto de su propia investigación
El ser humano procura comprender el mundo en el que vive. Observa la naturaleza, investiga la materia, estudia los organismos vivos, descubre regularidades y utiliza los conocimientos adquiridos en su actividad.
Pero entre todos los fenómenos de la Realidad existe uno que reviste un interés especial para el ser humano: él mismo.
El ser humano es capaz de estudiar su propio cuerpo, observar su comportamiento, investigar el pensamiento y plantearse preguntas sobre el sentido de su existencia.
Surge así una situación singular: el ser humano es, al mismo tiempo, investigador y objeto de su propia investigación.
Estudia la razón por medio de la razón, investiga la conciencia siendo consciente y trata de comprender la naturaleza de su propio «yo».
Esta situación presenta ciertas particularidades.
Al investigar el mundo que lo rodea, el ser humano puede observar un objeto desde fuera. Sin embargo, también percibe sus propios pensamientos, sentimientos y vivencias desde dentro, a través de la experiencia personal.
Estas dos formas de conocimiento se complementan, aunque ambas tienen limitaciones.
Por ejemplo, una persona puede experimentar directamente miedo o alegría. Sin embargo, la vivencia en sí misma todavía no explica por qué surgió ni qué procesos tienen lugar en el organismo.
Por otro lado, el estudio del funcionamiento del cerebro permite establecer muchos mecanismos del comportamiento humano, pero no proporciona al investigador un acceso directo a todas las vivencias de otra persona.
Por ello, el conocimiento de la naturaleza humana exige combinar distintos métodos de investigación: observación, experimentación, estudio del organismo, del comportamiento y de la experiencia interior.
También es necesario tener en cuenta que el ser humano puede equivocarse en las ideas que tiene sobre sí mismo. Sus convicciones, hábitos y deseos personales pueden influir en sus conclusiones.
Por consiguiente, al estudiar su propia naturaleza, debe ser capaz de distinguir los hechos establecidos de las ideas que tiene acerca de ellos.
Precisamente aquí comienza nuestra investigación.
Consideramos al ser humano como un fenómeno realmente existente, que puede estudiarse, describirse y compararse con otros fenómenos de la Realidad.
Sin embargo, nuestra tarea no consiste únicamente en reunir información sobre el ser humano. Necesitamos comprender qué es como totalidad.
2. Las propiedades del ser humano y la comprensión de su naturaleza
Cada fenómeno de la Realidad posee determinadas propiedades.
Una piedra tiene masa, densidad y resistencia. Una planta crece, se nutre, intercambia sustancias con el medio que la rodea y se reproduce. Un animal percibe influencias externas, se desplaza, adquiere experiencia e interactúa con otros organismos.
El ser humano posee muchas propiedades propias también de otros seres vivos.
Su organismo necesita alimento, agua, aire y determinadas condiciones de existencia. Crece, se desarrolla, percibe el mundo circundante, experimenta necesidades y reacciona a los cambios del entorno.
Al mismo tiempo, la naturaleza humana se manifiesta en una combinación particular de cualidades.
El ser humano posee pensamiento y lenguaje desarrollados; es capaz de acumular conocimientos, transmitir experiencias a las generaciones siguientes, crear herramientas y sistemas complejos, formarse representaciones del futuro y modificar conscientemente las condiciones de su propia vida.
Es capaz de reflexionar sobre sus actos, evaluar sus consecuencias, modificar sus comportamientos habituales y fijarse objetivos de manera independiente.
Algunas manifestaciones de estas capacidades también se encuentran en otros seres vivos. Por eso, es importante investigar no solo la presencia de una cualidad determinada, sino también su grado de desarrollo, su relación con otras cualidades y las particularidades de su manifestación en el ser humano.
Es precisamente el conjunto de estas características lo que permite revelar gradualmente la naturaleza humana.
Sin embargo, aquí es necesario distinguir varios conceptos.
Las propiedades del ser humano son las cualidades y características que le son inherentes.
La organización del ser humano es la estructura y la interrelación de los sistemas que hacen posibles su existencia y su actividad.
Las capacidades del ser humano son las posibilidades de percibir, actuar, conocer y transformar tanto a sí mismo como las condiciones de su entorno.
La naturaleza humana es la determinación integral del ser humano como fenómeno particular de la Realidad, que comprende sus cualidades inherentes, su organización, las regularidades de su existencia y sus diferencias respecto de otras formas de vida.
Al mismo tiempo, la naturaleza humana no se limita únicamente a lo que ya se ha manifestado.
Un niño todavía no posee todos los conocimientos y habilidades de una persona adulta. Sus posibilidades se despliegan gradualmente a medida que crece, adquiere experiencia e interactúa con su entorno.
Las capacidades se manifiestan de forma distinta en cada persona. Algunas presentan aptitudes destacadas en determinados ámbitos, mientras que otras afrontan limitaciones relacionadas con la salud o con sus condiciones de vida.
Pero las diferencias de capacidades y de grado de desarrollo no alteran la pertenencia de una persona al género humano ni determinan su valor como ser humano.
Esto permite distinguir otro concepto importante: el potencial.
El potencial humano comprende las posibilidades que pueden desplegarse y realizarse bajo determinadas condiciones.
Una parte de estas posibilidades está relacionada con las características generales de la naturaleza humana. Otra parte viene determinada por las cualidades individuales, las circunstancias de la vida y las propias decisiones.
Sin embargo, la existencia de una posibilidad todavía no implica su realización necesaria.
No todas las personas desarrollan todas sus capacidades, ni todas las capacidades pueden realizarse en cualquier condición.
Por ello, el estudio de la naturaleza humana debe considerar tanto las cualidades ya manifestadas como las posibilidades de desarrollo posterior.
Aquí nos acercamos al concepto de esencia del ser humano.
En la presente investigación, por esencia del ser humano se entiende provisionalmente el fundamento interno de su determinación cualitativa, de su unidad y de las posibilidades que le son inherentes.
Pero todavía queda por establecer qué constituye exactamente ese fundamento.
No vamos a reducirlo de antemano únicamente a la organización biológica ni, por el contrario, a declarar demostrada la existencia de algún principio espiritual independiente.
Para ello es necesario investigar de manera sistemática el organismo humano, la actividad psíquica, la racionalidad, la autoconciencia y las interrelaciones entre estos aspectos de la existencia humana.
3. El ser humano en el sistema del conocimiento científico
La ciencia moderna ha acumulado amplios conocimientos sobre el ser humano.
La biología lo considera un organismo vivo y un representante de la especie Homo sapiens. La anatomía y la fisiología estudian la estructura del cuerpo y el funcionamiento de los órganos. La genética investiga la herencia y las neurociencias, la actividad del sistema nervioso.
La psicología estudia la percepción, la memoria, el pensamiento, las vivencias y el comportamiento.
La antropología investiga el origen del ser humano, su desarrollo y su diversidad cultural. La sociología examina la vida social y las relaciones entre las personas.
La filosofía aborda las cuestiones de la conciencia, la libertad, la personalidad, los valores humanos y el sentido de la existencia.
Cada una de estas disciplinas revela un aspecto importante de la naturaleza humana.
Esta división es necesaria. No es posible investigar detalladamente la estructura de las células, el funcionamiento de la memoria, las relaciones sociales y la historia de la cultura humana mediante un único método.
Sin embargo, la división de las disciplinas científicas no significa que el propio ser humano exista como un conjunto de partes independientes.
Consideremos un ejemplo sencillo.
Un niño aprende a hablar.
Para ello son necesarios un desarrollo adecuado del organismo y el funcionamiento del oído, del cerebro y del aparato del habla. Pero la estructura de estos órganos por sí sola no basta. El niño necesita un entorno lingüístico, comunicación con otras personas y experiencia en la percepción y el uso del lenguaje.
En un mismo proceso participan los aspectos biológicos, psíquicos y sociales de la existencia humana.
El estudio de cada uno de ellos ayuda a comprender lo que ocurre, mientras que establecer sus interrelaciones permite obtener una visión más completa.
Una interacción semejante se observa en numerosas manifestaciones de la vida humana.
El estado físico influye en el pensamiento y en las vivencias. Los conocimientos adquiridos modifican el comportamiento. Las relaciones con otras personas repercuten en el desarrollo de la personalidad. Una decisión tomada conscientemente puede cambiar el modo de vida, los hábitos y las condiciones de existencia.
Por ello, estudiar al ser humano como un todo exige algo más que reunir en un mismo texto los resultados de distintas ciencias: exige comprender cómo se relacionan entre sí los procesos que estas investigan.
Al mismo tiempo, es importante no sustituir la explicación por una suposición.
Si dos aspectos de la vida humana están interrelacionados, es necesario establecer la naturaleza de esa relación y no limitarse a afirmar su unidad.
Este enfoque permite conservar el rigor de las investigaciones científicas especializadas y, al mismo tiempo, avanzar hacia una comprensión general de la naturaleza humana.
4. La necesidad de una definición integral del ser humano
Cuando intentamos definir al ser humano, surge ante todo una pregunta: ¿qué debe contener exactamente esa definición?
Podemos identificarlo como una especie biológica. Esto permitiría establecer su lugar entre los organismos vivos.
Podemos enumerar sus propiedades características: la postura erguida, el lenguaje desarrollado, el pensamiento, la capacidad de aprendizaje y la actividad conjunta.
Podemos examinar la estructura del organismo, los procesos psíquicos o las relaciones sociales.
Cada una de estas descripciones será útil, pero ninguna, considerada por separado, proporciona necesariamente una comprensión exhaustiva de la naturaleza humana.
Para alcanzar una comprensión integral, es necesario establecer no solo las propiedades del ser humano, sino también las causas de su existencia, la naturaleza de sus interrelaciones y sus posibilidades de desarrollo.
Sin embargo, nuestra investigación tiene otra tarea importante.
El ser humano no solo posee una determinada organización. Es capaz de desarrollarse, fijarse objetivos conscientemente y modificar la realidad que lo rodea.
Por ello surge la pregunta no solo de qué es el ser humano, sino también de para qué existe.
Aquí es necesario distinguir entre función, objetivo y finalidad.
La función indica qué hace un sistema determinado o qué papel desempeña.
El objetivo está relacionado con el resultado hacia el que se orienta una actividad.
La finalidad implica una comprensión más general de para qué existe o a qué puede estar destinada una organización determinada.
Estos conceptos no deben confundirse.
Por ejemplo, el ser humano es capaz de crear dispositivos técnicos complejos. Esta es una de sus posibilidades, pero por sí sola no revela todavía la finalidad general de la naturaleza humana.
En la base de la concepción del Centro de Investigación de la Causalidad Creativa se encuentra la siguiente idea.
El objetivo de la existencia humana es desplegar y realizar el potencial interno de su propia esencia.
El ser humano no nace con un conjunto ya formado de conocimientos, convicciones y logros vitales. A lo largo de su vida conoce el mundo, adquiere experiencia, desarrolla capacidades, establece relaciones y aprende a determinar de manera independiente sus propias acciones.
Así se produce el despliegue gradual de sus posibilidades.
Sin embargo, el desarrollo humano no se limita necesariamente a la propia persona.
Los conocimientos y las capacidades adquiridos pueden orientarse hacia la creación de lo que antes no existía, la conservación y mejora de las condiciones de vida, el desarrollo de otras personas y la apertura de nuevas posibilidades.
El ser humano puede crear obras de arte, adquirir nuevos conocimientos, cultivar un jardín, criar a sus hijos, ayudar a quienes lo necesitan, perfeccionar tecnologías y transformar las relaciones sociales.
En todos estos casos, su actividad puede convertirse en causa de cambios positivos en la realidad circundante.
Examinamos esta capacidad de crear conscientemente condiciones para la realización de nuevas posibilidades mediante el concepto de causalidad creativa.
Esta implica no solo modificar lo existente, sino también actuar responsablemente para crear y desarrollar el bien.
Aquí surge un vínculo entre el ser humano y la Realidad, de la que forma parte.
Al desplegar sus propias posibilidades, el ser humano adquiere la capacidad de participar en el despliegue de las posibilidades del mundo que lo rodea.
Al mismo tiempo, los resultados de su actividad pueden crear nuevas condiciones para su propio desarrollo y para el desarrollo de otras personas.
De este modo, llegamos a la hipótesis central de nuestra investigación:
La posible finalidad del ser humano consiste en llegar a ser un sujeto autónomo de causalidad creativa, capaz de participar, mediante el despliegue de su propia esencia, en la realización de las posibilidades potenciales de la Realidad.
Esta proposición establece la dirección de nuestra investigación, pero todavía no constituye una conclusión demostrada de que al ser humano le haya sido asignada originalmente precisamente esa finalidad.
Para fundamentarla, tendremos que esclarecer en qué medida esta orientación corresponde a la verdadera naturaleza humana, cómo surgieron las capacidades pertinentes y qué circunstancias favorecen o impiden su despliegue.
También es necesario distinguir la aplicación creativa de las capacidades humanas de su aplicación destructiva. Pues la capacidad de cambiar el mundo no significa todavía que todo cambio produzca un bien.
Por ello, las cuestiones de la libertad, la responsabilidad, la elección moral y el desarrollo de la personalidad tendrán especial importancia en el curso posterior de la investigación.
